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Lo único que quería Siervo Joya era un pedazo de tierra para poder cultivar y tener una vida tranquila libre de las opresiones políticas, a las cuales no obedecía ni entendía, no por ignorancia sino por simple sentido común, el menos común de los sentidos.
“No hay quien entienda a los jefes. Primero lo mandan a uno que grite y alborote y mantenga a raya a los godos, y después, cuando se arma la grande, ellos se lavan las manos y nos vuelven la espalda.”
Siervo Sin Tierra de Eduardo Caballero Calderón, 1954
Siervo Joya es la figura representativa de la clase campesina y obrera del país por la que los políticos, clérigos, empresarios industriales y terratenientes tuvieron como suelo para apoyar sus conflictos y guerras. Cada reforma en el país ha sido el punto débil de la población en general, ya sea por recargas en los impuestos, falta de garantías sociales, económicas y laborales o cualquier otro aspecto en relación con los recursos sometiendo la dignidad humana.
Es así como inicia, en la nación constituida, una cadena de desencuentros desde su gesta. Fue aquí el escenario de la rebelión de los comuneros, el 16 de marzo de 1781, que comienza con las primeras manifestaciones sociales debido al inconformismo frente a las recargas económicas y tributarias que se pretendieron desde España, en el reinado de Carlos III con su reforma borbónica, la cual indicaba que se subirían los impuestos sobre el tabaco y el aguardiente.
Esta manifestación se tornó más amplia cuando entraron a participar indígenas indignados para pedir la devolución de sus tierras, minas de sal en Zipaquirá y no pagar más diezmos a los católicos, pues se salía de sus creencias espirituales.
Por otra parte, los "negros libertos" exigían la eliminación del pago tributario por su condición social del momento, y de paso, los criollos que fueron ignorados por los españoles, pidieron ocupar cargos administrativos que estaban en manos de la corona.
Los protagonistas para ese momento fueron Manuela Beltran, quien abre el telón de esta lucha desafiando a la corona rompiendo el edicto que informaba sobre esta reforma, y, José Antonio Galán, quien lo cierra con su heroico deceso.
Esta rebelión es la primera prueba concisa de la falta de honestidad de la clase dirigente para gobernar en el país, prometiendo garantías que no cumplirían para mantenerse como autoridad. Esto me recuerda el retorcido pero interesante libro de "Las 48 leyes del poder" por la “Ley N. 3 Disimule sus intenciones” (1998), para apoderarse de la naciente democracia.
Esta situación no terminó muy bien, pues cuando la manifestación iba a la altura de Zipaquirá, partiendo desde el Socorro en Santander, antes conocida como “Villa Muy Noble Y Leal”, llegando a la capital, se negociaron unas capitulaciones con el arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora, quien supuestamente garantizarían las exigencias anteriormente mencionadas, sin embargo, José Antonio Galán dudó del cumplimiento de éstas por la forma en la que fueron aceptadas sin reproche, y al confirmar sus sospechas, se condujo su vida inmediatamente a la muerte, propiamente al desmenmbramiento de su cuerpo como instrumento de mensaje del castigo por parte de ellos. “El mensaje”, un ejemplar que se ha heredado en las prácticas del poder.
Fueron muchos los que corrieron con la nefasta suerte de morir en la lucha. 260 años después los mensajes de obediencia-desobediencia siguen siendo bajo las mismas prácticas antiguas que hoy en día tienen nombre propio, y se titulan como ejecuciones extrajudiciales, popularmente conocidas como falsos positivos. No existe en este caso la línea divisoria de lo legal e ilegal, pues unos dan la orden y los otros la cumplen desde la condición humana de la que habla Hannah Arent, aunque los derechos humanos afirmen que así no debe ser el trato entre la especie humana, que finalmente, es hecha por quienes crean sus propias estrategias y leyes de vida en sólido espacio de negociación.
“Alcanzamos por fin la victoria en el campo feliz de la unión”
Don Jerónimo de la Ossa.
Cansados de pagar impuestos para ser ignorados por la cúpula política del país, resultó siendo el caso del que en algún momento fue el departamento de Panamá, que, en principio, era un pueblo que no formaba parte del territorio y decidió unirse a éste el 28 de noviembre del año 1821, cuando existía la Gran Colombia, para salir defraudado por falta de garantías sociales en la misma, dándose al mejor postor, o sea, Estados Unidos. Hubo batallas ejecutadas en campo panameño en la Guerra de los mil días, librada entre octubre 17 de 1889 y el 21 de noviembre de 1902, pero tras las derrotas y la fuerza del pensamiento liberal, se fomentó aún más la idea de su independencia.
Como afirman Mejía y Larrosa en la Historia concisa de Colombia (2013), hubo alrededor de 70 mil abatidos, y lo más difícil de sobrellevar fue que no los tuvieron en cuenta para opiniones políticas. ¿Entonces cuál era su lugar después de la cohesión territorial? Las diferencias culturales que existían entre ambas regiones no advirtieron a la capital de la altiplanicie, que se avecinaba una pérdida inmensa, que hoy en día se recuerda sin tener en cuenta que fue excluida de esa opinión por diferencias superficiales del tipo cultural, ahí el dato para que nos bajemos del mito de que “perdimos Panamá”.
Mientras tanto, Estados Unidos estaba merodeando cómo podía aprovechar la situación para mejorar sus rutas comerciales, y fue entonces, cuando a través del tratado de Hay-Pauncefote se realizó la “independencia” panameña que data del 3 de noviembre de 1903. Ahora Colombia era ignorada y los reflectores brillaban hacia el reconocimiento de la naciente soberanía por parte de Estados Unidos y Reino Unido. Es paradójico considerarlo como soberanía, porque realmente atendía a intereses económicos supremamente poderosos.
Este mismo libro afirma que Colombia, por las graves consecuencias de la guerra, tuvo que aceptar 25 millones de dólares de indemnización. Indagando en otros lares, el portal de la revista Portafolio dice en un artículo que fueron 5 millones de dólares cerrados que fueron pagados en 1922 y que parte de este dinero sirvió para la creación del Banco de la República de Colombia.
Esta fue la consecuencia de una manifestación política que se dio por falta de garantías sociales y que en consecuencia, intervino en sus prácticas culturales como región doble costera, una protesta que nadie escuchó.
“La masacre de las bananeras es un mito histórico”
María Fernanda Cabal
Tal vez creyó que la literatura en Colombia se trataba de simple ficción, porque tal vez no se ha dado el gusto de conocer el realismo mágico que abordan las historias caribeñas. La literatura escrita por periodistas, especialmente los géneros destacados de la literatura colombiana, como la de Gabriel García Márquez, que son fiel reflejo de los acontecimientos desangrantes que han sido producto de las irregularidades políticas y sociales del manejo administrativo de los dirigentes de la nación.
Oficialmente, existen cuatro libros conocidos que mencionan este hecho: “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, “La casa grande” de Álvaro Cepeda Samudio, “Soldados” de Carlos José Reyes y “El sol subterráneo” de Jairo Aníbal Niño.
La masacre de las bananeras involucró posiblemente miles de muertes, debido a la explotación que sufrían los trabajadores tras la huelga llevada a cabo el 28 de noviembre de 1928, cuando protestaron por las precarias condiciones laborales en las plantaciones; entre otras peticiones, ellos exigían tener un contrato directo con la compañía United Fruit Company y no tercerizado, como se estaba haciendo.
John Calvin Coolidge, presidente de Estados Unidos se dirigió al entonces jefe de Estado Miguel Abadía Méndez para pedirle diseminar la huelga. Comenta Amparo Murillo Posada en “La modernización y las violencias 1930 - 1957” (1991) que antes de esto, se produjeron demandas laborales que tomaron como problemas de orden público y esto movilizó posteriormente la opinión pública con varias agitaciones.
Diseminar la huelga significaba eliminar el "estorbo", una tarea que fue ejecutada propiamente por el ejército colombiano. El ejército de Colombia tiene la tarea de defender la soberanía de la nación, pero más bien, es usado para defender la soberanía de la administración, por los tanto, no hay ninguna autodeterminación del pueblo.
Como carne de Ciervo, o más bien, de Siervo
El crecimiento económico fue la olla a presión del territorio colombiano durante el siglo XX, los acontecimientos comenzaron a sancocharse desde el siglo XIX y, pitó finalmente, con el llamado magnicidio, o más bien, el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, para servirse, los poderosos en la mesa, el vino con la sangre de gentes que siguen la orden de los grupos insurgentes y, en consecuencia, la digestión que hacemos con las bandas criminales que continúan afectando la población en este siglo.
Las grandes compañías extranjeras, principalmente estadounidenses, fueron fuertes monopolios hasta la gran depresión de 1929. Y como gemelos malvados e intolerantes, las diferencias políticas no se hicieron esperar entre ellos.
En la línea temporal de la primera mitad del siglo XX las represiones, persecuciones, ejecuciones y otros desenfrenos políticos fueron el pan diario de las gentes. “Colombia, una nación a pesar de sí misma” de David Bushnell (1996) en el capítulo de “La era de la violencia” y Amparo Murillo Posada en “La modernización y las violencias 1930 – 1957”, datan los siguientes procesos:
● 1925: Inician protestas campesinas. Los campesinos querían empezar a ser independientes propietarios de la tierra y vivir de ella.
● 1928: Creación del PAN - Partido Agrario Nacional- como alternativa política por parte de campesinos del Sumapaz, Cundinamarca, Tolima, Meta y Huila.
● 1929: Concentración del mercado interno, por la caída de la bolsa de New
York.
● 1930: Se propusieron reformas provocando la reacción violenta de la élite.
● 1930 - 1950: Se marca el mayor número de desplazamiento de los campesinos a las ciudades por seguridad y oportunidades laborales.
● 1930 - 1957: Industrialización y urbanización.
● 1930 - 1937: Mayor número de protestas en las zonas cafeteras de Cundinamarca y sur occidente de Tolima.
● 1930 - 1939: Interamericanísmo en centros de poder. Hubo concentración de violentas contiendas en los Llanos Orientales, Costa Atlántica y zonas planas de la Región Andina por las precarias condiciones de trabajo. Construcción de ferrocarriles.
● 1930 - 1938: Entre los gobiernos de Olaya Herrera y López Pumarejo se aprobó el derecho de agremiación y libertad de siembra para mejorar la situación económica interna. También muchos campesinos fueron expropiados y expulsados de sus tierras y comenzaron los desplazamientos forzados. Se produjo la Revolución en Marcha como programa para la modernización del país.
● 1932: Se da la Guerra contra Perú por Leticia, algo que sirvió también como estrategia para recuperar la imagen del ejército por la masacre de las bananeras.
● 1933: Se crea la UNIR - Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria, por parte del joven Jorge Eliecer Gaitán, el cual no tuvo futuro por volverse con los liberales. Allí asesoraba a campesinos y obreros frente a la huelga y movilizaciones.
● 1934 - 1938: Reforma Agraria, Alfonso López Pumarejo. Reconocimiento del derecho a la huelga.
● 1935: Nacimiento de la Confederación de trabajadores de Colombia - CTC.
● 1936: Frustración de la reforma agraria para campesinos sin tierra. Modernidad económica y no democrática, sin espacios de participación.
● 1940: No existían rutas de comunicación comercial, hasta entonces. Formación de barrios marginales con factores de desempleo, mendicidad, prostitución y delincuencia. Intensificación de la lucha civil armada entre pájaros y chulavitas en zona rural. Expansión demográfica en la región andina debido al café.
● 1940 - 1950: Persecución a protestantes. Persecuciones religiosas y políticas contra liberales afectando su integridad física.
● 1944: Liquidación de la Federación de Nacional de Trabajadores del transporte Fluvial Marítimo, Portuario y Aéreo -Fedenal- con la renuncia del dirigente nacional Alberto Lleras Camargo, como consecuencia de la supuesta lucha contra el comunismo. Creación del Instituto de Fomento Industrial - IFI-Crecimiento exponencial urbanístico en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla.
● 1945 - 1949: Representatividad del café en las exportaciones con un 72% del total de la actividad con el doble de cultivos que en los años anteriores.
● 1946 - 1960: Decaimiento de la empresa United Fruit Company hasta su retiro del país. Periodo de mayores conflictos partidistas y bipartidistas.
● 1948: Muerte de Jorge Eliecer Gaitán. Formación de la Junta Revolucionaria Central por parte de jóvenes gaitanístas radicales, como consecuencia de su asesinato.
● 1949: Masacre en Cali, porque los liberales se abstuvieron de participar en las elecciones presidenciales por falta de garantías constitucionales. Se declaró al país en Estado de sitio otorgándole poder al gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez para suprimir garantías y derechos civiles, quien a su vez, concedió bonificaciones laborales anuales.
● 1950: El crecimiento económico generó calma política en las ciudades.
● 1950 - 1951: Gobierno de Laureano Gómez, quien restringió la actividad protestante y realizó una reforma constitucional a favor de la elección popular.
● 1951: Creación de Ecopetrol.
● 1953: Las políticas de Gustavo Rojas Pinilla fortalecen la infraestructura cobrando mayores impuestos a los más pudientes.
● 1957: Fortalecimiento del sector agrario en cultivos como algodón, cacao, caña, ajonjolí, papa entre otros. Se crea el Frente Nacional. En mayo de ese año hubo una huelga general en la que se activó un paro forzoso a los trabajadores por parte de las oficinas y fábricas.
● 1960: Se evidencian las brechas sociales con la desigualdad de oportunidades. Los colonos huyeron de la violencia perpetrada al interior del país. Transformación económica, industrialización y urbanización. Aparecimiento de nuevos actores sociales organizados por campesinos y obreros, muchos ubicados desde las laderas de la geografía colombiana. Nace el ELN - Ejército de Liberación Nacional-.
● 1964: Nace las FARC - Fuerzas Revolucionarias Armadas de Colombia.
● 1994: Se crean las Convivir en el gobierno de Cesar Gaviria Trujillo mediante el Decreto Ley 356 de 1994. (dato adicional).
Estas breves descripciones del proceso general que hubo frente a las injustas políticas del gobierno, produjeron una inestabilidad estatal que todavía se saborea, pareciera como si el sabor a sangre y adrenalina les excitáse internamente. Tal vez el aroma a carne de ciervo humano y el fatídico sonido del llanto de menores, mujeres y mayores los transportase a refinados espacios en donde se los pueden degustar sin sentir remordimientos.
Como sucedió con la pequeña Francelina cuando por disputas políticas queman el ranchito donde vive Siervo, con su hijita dentro.
A consideración, la admiración de Laureano por el facismo, el nacismo y otras corrientes, dan a entender que era uno de esos personajes controversiales que quería mantener el rebaño bajo control y en agite, eliminando lo que impidiera el desarrollo de sus políticas proteccionistas, al mejor estilo de Nicolás de Maquiavelo.
Es por esto, que Laureano Goméz sufrió un golpe de estado por parte de Gustavo Rojas Pinilla, quien, sin levantar el estado de sitio, se encargó de manejar políticas más ecuánimes en cuanto al recaudo de impuestos y modernización estructural.
Lo que más querían los campesinos era ser independientes y los obreros tener garantías laborales como hoy en día, mejor dicho, la bananeada del siglo. En efecto las luchas sociales se convirtieron en presa de violencia y fue el surgimiento de nuevas organizaciones que buscaban combatir la represión sumergidos e influenciados por el más ilustre.
La Piedra en el Zapato, o mejor dicho, en las botas
Las diferencias culturales fueron estorbosas, les despertaba acciones arbitrarias empezar a notar que el mundo cambia y con ella las generaciones, les costó notar que todas las personas gozan de libertades y, derechos civiles individuales y colectivos, fue por eso que con el crecimiento de la mentalidad juvenil y el progresivo reconocimiento cultural de las generaciones, se pudo derogar la constitución de 1886 y crear la que nos constituye actualmente.
Era tanta la represión, que incluso se llegó a censurar la prensa, pues la opinión pública comenzó a tomar fuerza por esas fechas. Esto sucedió en el gobierno de conservador Mariano Ospina Pérez, quien incluso, impuso toque de queda y detenciones ilegales. Por un lado, uno de los medios suspendidos fue El Tiempo y por el otro, un catalizador de la opinión pública fue el periódico Claridad del Partido Agrario Nacional - PAN-, publicando artículos de interés legal sobre legislación agraria, títulos ilegales por la expropiación a campesinos o latifundios, abusos de poder, entre otras situaciones como forma de apoyo contra hacendados.
Con la creación de universidades públicas como la Nacional, el socialismo, el comunismo y la diversificación política que se estaba dando, las generaciones venideras tuvieron mayor oportunidad de reformar el curso de la nación, y muchos de los profesionales comenzaron a participar activamente en este camino de formación.
“El tal paro agrario nacional no existe”
Juan Manuel Santos
Transcurría el año 2013, cuando ya no existía un monopolio de los medios nacionales y se posesionaban las redes sociales como Youtube, que estaba al alcance de los jóvenes de la época, cuando la fuerza pública arremetió contra la población rural de Colombia por la posible privatización de semillas para Monsanto. Durante el paro agrario, estos nuevos medios dieron cuenta de que, a pesar de tantas décadas, la situación seguía siendo la misma para la población campesina y nada se había remediado.
La precuela de la protesta social en Colombia ha sido, sobre todo, por las diferencias culturales y la difícil convivencia por la concertación de las ideas. Ha sido éste un derecho con desviaciones, vicios de fondo, malas interpretaciones y nodos de ignorancia. Se parece más a una batalla social o a un juego de ajedrez que a una expresión política social. Es la suma de inconformidades que con el tiempo se han vuelto una bola de nieve, con ácidas precipitaciones y atmósferas densas que no permiten abrir un camino claro respecto al entendimiento de la situación y el reconocimiento de los derechos desde la dignidad humana.
Para comprender los hechos sociales, entre tanta confusión, debe pasar un tiempo que permita analizar inteligentemente sus aristas y poder tener contacto con testigos directos que puedan narrar, desde su humanidad, las secuelas. Muchas veces la opinión pública no es lo real sino ruido, aunque pueda crear una realidad como constructo social, otras veces el sensacionalismo distorsiona o ahoga el verdadero epicentro de la noticia y en variables, la masa de seguidores está dispuesta a dejarse llevar por un líder que considerarían superior, incluso, facilitando post verdades en un mundo en el que es fácil manipular desde la virtualidad de las redes sociales.
Entre tanto, algunos... medio nos acostumbramos, porque nos acostumbraron... a vivir en palomeras, en propiedades horizontales, encerrados en áreas pequeñas, con miedo, hastiados del campo, temiendo a la ruralidad y ajustados a la precariedad del desarrollismo, que finalmente, nos llevará como humanos avarientos, a ciudades inteligentes, porque los inteligentes no somos nosotros, ya. Con base a esto, nos aíslan con un increíble miedo anti comunitario, pues así no mantienen mejor controlados.
M. Estefany Escobar S.
Frente a la historia de la protesta social en Colombia
Publicado en marzo de 2026
Pereira
Durante el esclavismo, las personas eran vistas como bienes, con el mismo valor que un caballo o un arado. El esclavo recibía vivienda y alimentación, sí, pero como parte del inventario del amo, sin libertad, sin voz, sin derecho a defenderse.
Vivían hasta romperse. Encerrados en establos, sometidos a latigazos. No existía un Estado que los protegiera. Eran esclavos hasta la muerte. El esclavo representaba una pérdida real para su dueño. Si se enfermaba o moría, el amo perdía su inversión.
¿Fue eso un derecho? No. Fue un cálculo económico.
Con el tiempo, las cadenas comenzaron a romperse. No por generosidad de los amos, sino por siglos de disputas, rebeliones y luchas. La humanidad empezó a hablar de derechos.
El sistema mutó: llegó el feudalismo, donde los siervos cultivaban tierras ajenas y entregaban su producción a un señor. Seguían sin derechos, pero al menos tenían un pedazo de tierra para sobrevivir.
Luego vinieron los burgueses. Hombres y mujeres con capital, con talleres, con empresas. Y con ellos, una nueva figura, el empleado.
Por primera vez, se empezó a hablar de pueblo, de clase trabajadora, de derechos laborales. Los derechos del hombre, aquellas conquistas de la época de la ilustración permitieron que las personas dejaran de ser herramientas y comenzarán a ser reconocidas como fuerza trabajadora.
Sin embargo, el esclavismo no desapareció del todo. Cambió de nombre y se disfrazó de ideología.
Hoy, en pleno siglo XXI, algunos gobiernos intentan devolvernos a esa lógica. En Argentina, la nueva reforma laboral, “aprobada en Diputados y a punto de convertirse en ley” permite el despido sin justa causa, establece un "salario dinámico" que puede variar según el interés del empleador y autoriza el pago en moneda extranjera . Traducido: el trabajador pierde estabilidad, pierde derechos, y gana incertidumbre.
¿Y qué pierde el empresario al despedir? En la mayoría de países latinoamericanos, debe pagar prestaciones de ley. En Argentina, desde esta reforma, solo el costo de contratar al reemplazo. Mañana el puesto estará ocupado, porque, como dice el refrán, "siempre habrá quien necesite trabajar".
El trabajo ha sido una de las relaciones más transformadoras en la historia. Ha migrado por sistemas económicos, ideologías y mercados, pero sigue siendo el soporte de la sociedad. Ese soporte se sostiene por millones de trabajadores. Solo en Colombia, más de 2 millones de personas dependen de un salario mínimo. En México, en Venezuela, en toda América Latina, la clase obrera es la base que sostiene todo.
Pero, esa base no es estática. Se mueve, se organiza, lucha.
Cada derecho laboral que hoy conocemos, como las primas, las vacaciones y el salario mínimo vital, no cayó del cielo ni fue un regalo de los empleadores. Fueron victorias. Arrancadas en las calles, en las fábricas, en los congresos. Detrás de cada uno hay movilizaciones, protestas y mártires. Personas que el pueblo no olvida.
Hoy el contraste no podría ser más brutal. Mientras en Colombia y México se reducen las jornadas laborales por debajo de las 44 horas semanales y se garantiza el pago de horas extra en dinero, en Argentina la reforma de Javier Milei amplía la jornada a 12 horas diarias y elimina el pago de horas extras reemplazándolo por un "banco de horas" que se compensa con tiempo libre, no con plata.
Mientras unos cierran brechas con aumentos salariales dignos, otros dan tres pasos atrás. Los trabajadores argentinos hoy luchan en las calles contra un modelo que quiere convertir el salario en una cifra que cambia cada mes según el interés del empleador y que ya provocó una huelga general el 19 de febrero de 2026.
Los derechos no están garantizados para siempre
Por eso, hoy más que nunca, la unión y la gallardía de la clase obrera son necesarias. Tal como lo hicieron los esclavos, los siervos y los primeros empleados, los trabajadores de hoy deben defender lo que con tanto esfuerzo han ganado. Son el vivo ejemplo de que los derechos y la dignidad laboral son victorias de la clase trabajadora. Victorias contra dinámicas ideológicas marcadas por herencias esclavistas.
Porque los derechos no son obsequios. Son victorias de décadas de lucha. Y como toda victoria, deben defenderse cada día.
Fabian Quintero
Pereira, 03 de marzo de 2026
Un fragmento del día que revela la precariedad que vive una generación entera
Detrás de cada título universitario hay una historia de esfuerzo. Pero para miles de estudiantes que deben trabajar, esa historia está teñida de un agotamiento extremo y un sistema que los ignora. Esta es la 'hora a hora' de uno de ellos.
'Rin Rin Rin...' 4:00 am. Así inicia la mañana del estudiante universitario, tal como ha iniciado los últimos ocho años de su vida. 'Este es el último', y ese pensamiento lo sostiene. En 10 minutos organiza materiales, empaca la maleta y las tres portas de plástico con sus comidas del día. El bus pasa a las 4:30, y debe estar en la institución a las 6:30 en punto, tras un viaje de casi dos horas entre bus y cable.
Llega al aula cinco minutos tarde porque el bus falló. La primera cara que ve es el ceño fruncido de la docente tutora, claramente. Pero al iniciar la práctica, su propia incomodidad se apaga. A partir de ese momento, lo único importante son sus estudiantes. Con sus materiales, apuesta por crear una sesión mágica, una zona segura donde, en conjunto, manteniendo una clase horizontal, se pueda soñar, crear y sobre todo pensar.
La práctica corre contra el reloj, acaba y tiene solo 20 minutos para llegar al trabajo. A las 12:30 inicia labores. Llega con "tiempo" para almorzar, a pesar de haber llegado con cinco minutos de margen, sin almorzar y medio desayunado. "¡Llamada en cola, conéctese!", repite incesante el supervisor. Así inicia la jornada de insultos de usuarios y la presión de "Quien no venda, no quiere estar aquí". La tensión constante de mantenerse a sí mismo y no ser despedido genera agruras y ansiedad.
Tiene 30 minutos de break para almorzar y llenar el diario de campo que vence esa noche. Ya lo tildaron de irresponsable por haberlo enviado tarde una vez. El tiempo se acaba y solo alcanza a escribir unas líneas. Más tarde, en su tiempo de baño, termina de almorzar. A las 5:30 pm, el encargado anuncia:
"Las horas de la mañana me las paga hoy. No se puede ir hasta las 7".
Por la mente del estudiante solo pasa:
"Otro día que llegaré tarde, pero no me puedo quedar sin trabajo".
Sale corriendo a su clase nocturna. El docente está molesto: "No puede ser todos los días. Afecta su proceso". Toma clase como puede. En el salón, termina de almorzar la tercera porta del día. El estudiante y trabajador termina su jornada a las 11:30, cuando logra llegar a casa. Es consciente del cansancio. Sabe que a veces no puede. Y al día siguiente, inicia de nuevo la misma ruta. Es un producto por salir de fábrica, una persona con sueños. Es Tatiana, Laura, Valeria, María José, Catalina, Juan José, Estefani, Martha, Andrés, Lorena. Es quien, sin gasolina, continúa manteniendo el aguante.
Este aguante se mantiene diariamente por miles de personas que siguen las expectativas de vida profesional; por cada 12 jóvenes que trabajan, aproximadamente diez estudian. En investigaciones lo han demostrado, universidades públicas como la U. Nacional, U. de Antioquia, U. del Valle, Universidad Tecnológica de Pereira, entre otras, muestran que, entre 70% y 85% de estudiantes que trabajan no terminan en el tiempo reglamentario y necesitan entre 1 y 3 semestres adicionales en promedio para terminar, por el rezago académico.
Estudiar con cansancio no es falta de disciplina, entonces ¿por qué el sistema educativo exige ritmos que muchos estudiantes no pueden sostener?
Fuente: Síntesis editorial a partir de datos oficiales (MEN–SPADIES, DANE–GEIH) y estudios académicos sobre rezago y permanencia en educación superior.
Fabian Quintero
Pereira, 08 de febrero de 2026
"Juro por Dios fidelidad a mi bandera, a mi patria, Colombia", dijeron un puñado de jóvenes en cada región cercana o apartada del país, reconociéndolos como símbolo de nación soberana e indivisible en un acto de valentía en diferentes poblaciones con pocas posibilidades, en esos lugares donde la guerra golpeó y el Estado no llegó, el servicio militar obligatorio era una opción.
Hay una imagen común y esperanzadora en las carreteras de Colombia, un soldado joven, prestando su servicio, como vigía al costado de la vía. Al pasar, los viajeros y familias colombianas, en un acto espontáneo de reconocimiento, tocan el pito del carro. Es un saludo, un <<gracias>>. Y, el soldado, sin bajar la guardia, pero con calidez, responde levantando el pulgar.
Más que un gesto, es un código no escrito que dice: Estoy aquí para protegerte. Para muchas familias, sobre todo aquellas que ya han visto a un hijo pasar por el pito del reclutamiento, ese pulgar en alto es un símbolo de protección. Un gesto que, por años, fue el mayor reconocimiento que recibieron dichos jóvenes.
Con el propósito de cumplir su deber, Dios y la patria premiarían a quienes fueron usados como 'escudo', 'herramientas', 'defensores' e incluso 'armas humanas', sin recibir un verdadero reconocimiento. Hoy, finalmente, llegó la 'dignidad', la recompensa no es solo un subsidio, sino un acto de justicia, porque la guerra no trae dignidad, pero la vida sí nos empuja con el propósito encomendado por el país.
Hoy, los colombianos celebran no solo los dos millones de pesos mensuales por el pago al servicio militar, sino que para muchos es una suma de dinero que representa un grito de dignidad y una victoria para el pueblo colombiano que ha luchado cerca del sacrificio de los soldados, policías, infantes de marina y oficiales.
El sacrificio de un joven que renuncia hasta dos años de su vida, por fin, es más que un 'voluntariado' mal remunerado. Por fin, deja de ser un auxilio mísero que equivalía a una tercera parte de un salario mínimo legal vigente SMLV para los gastos básicos del joven y su familia, con la esperanza de resolver lo que significa, en muchos casos, la ausencia de hijos, hermanos e incluso padres, para la defensa del país.
Hoy, esos dos años cuentan con un Salario Mínimo Vital para ellos y sus familias. Hoy celebra el pueblo, celebra la vida. Hoy, más que un pulgar arriba de aprobación en compensación se celebra la 'dignidad', a ese prestador del servicio militar, la dignidad llegó.
Fabian Quintero
Pereira, 01 de febrero de 2026
La cara de los candidatos políticos en los carteles callejeros es la imagen habitual por estas fechas. El año comienza y sobre la avenida sur las imágenes irrumpen a través de las ventanas del bus. Ahí están, como cada cuatro años, los rostros sonrientes, puros, confiables. El déjà vu es inevitable, me recuerdan que el tiempo pasa y, comienza una y otra vez.
El trayecto se ve interrumpido en un semáforo, por la ventana un joven me arroja un volante con la misma publicidad. El rostro ya no está en el horizonte, reposa en mis manos y acompañando la imagen hay una frase de campaña prometedora.
Cuando llego a la parada, me percato que sobre el vidrio trasero del bus hay otro cartel, lo miro irse y pienso que ya lo he visto antes; las manos en el corazón, la sonrisa perfecta, los colores claros, los gestos reiterativos y las poses que procuran denotar paz y armonía saturan el espacio cotidiano. Seguramente serán electos.
Seguí el camino a casa para entrar al edificio donde resido y en algunas ventanas de los apartamentos están los mismos carteles. Me acerco a la caneca de la basura para tirar el volante y ahí están, carteles miniatura arrugados y desechos. De repente suena mi celular, es un amigo que me escribe:
“Mi perrito, hágame un favor, como a mí me toca politiquear para conservar el trabajo, me están pidiendo 60 contactos de personas que me apoyarían, así obviamente lo tengo presente a usted jajajaja. Róteme pues estos daticos: nombre, cedula, teléfono, ocupación, barrio...".
“Mi perrito, no puedo.” Así le respondí, sin dar mayores explicaciones. No sin sentirme mal, me hubiera gustado ayudarlo, pero no me siento cómodo compartiendo mis datos para temas políticos.
En esta ciudad, la política funciona como máquina de coerción que induce a la gente a asistir a reuniones y comprometer votantes; a tal punto llega la cosa que, algunos cambian su foto de perfil en WhatsApp por la del político. Decidí no darle más vueltas al asunto. Me senté en el balcón para descansar del trayecto y justo al frente, otro cartel.
Edwin Campano
Pereira, 25 de enero de 2026
A propósito de lo sucedido recientemente en Venezuela, el 3 de enero de 2026, Latinoamérica no debería ser un territorio en disputa.
Las relaciones entre países no se han construido desde la igualdad, a pesar de que ese principio quedó formulado desde la Revolución Francesa y más tarde consagrado en los discursos modernos sobre derechos humanos.
Históricamente, el poder ha definido quién decide y quién obedece. La fuerza militar, económica y política suele imponerse, mientras conceptos como diplomacia, derechos humanos y soberanía se aplican de manera selectiva.
En el escenario internacional, el discurso del respeto entre naciones convive con invasiones, bloqueos económicos y respaldos a gobiernos autoritarios, contra los propios pueblos, estas prácticas han sido ampliamente documentadas en la historia reciente, sin embargo, ante esto, los organismos creados para garantizar el equilibrio global suelen guardar silencio cuando estas prácticas afectan a países considerados periféricos o débiles o "primermundistas" dentro del orden mundial.
América Latina ha sido tratada durante décadas como un territorio subordinado. Bajo narrativas de seguridad y control, se justifican sanciones, presiones y señalamientos sin pruebas claras. Se reactiva así una idea antigua: la región como espacio tutelado por intereses externos, como si no tuviere plena capacidad de autogobierno.
Sin embargo, América del Sur no se reduce a ese relato. Es una región de culturas diversas, comunidades vivas y vínculos profundos con sus territorios. Aquí existen pueblos que defienden la vida, el cuidado de los ecosistemas y la soberanía como práctica cotidiana, no como consigna.
Hoy, frente a la lógica de la guerra y la imposición, muchos países de la región apuestan por el diálogo, la autodeterminación y la defensa de lo común; no como gesto simbólico, sino como forma política.
Latinoamérica no debería ser instrumento de intereses externos. Es un territorio compartido y vivo. Y su mayor fuerza no está en las armas, sino en la decisión de defender la vida como bien común.
Fabian Quintero
Pereira, 17 de enero de 2026